
El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse.
Michel Falcaut.
Este trabajo tiene como objeto analizar el cine como un lugar de discurso que encarna las voces de distintos sectores, y relacionarlo con la diversidad de género y la representación simbólica, donde los imaginarios sociales y colectivos afloran y la homosexualidad puede verse reflejada de múltiples maneras y desde distintos lugares.
Para pensar en cómo es representada la diversidad de género en el cine argentino es necesario tener en cuenta los debates sociales en torno a la Ley de casamiento homosexual y los estereotipos establecidos en la sociedad.
En este sentido, considero que existe un discurso hegemónico que entiende al homosexual desde el lugar de la exclusión, del aislamiento, la discriminación, la fobia, de la promiscuidad y la prostitución. En la película “Apariencias” (2000, dirigida por Alberto Lecchi y protagonizada por Adrián Suar y Andrea del Boca), el personaje de Iñaki (Fabio Posca) encarna a un homosexual reprimido que se da cuenta de su deseo sexual al conocer a Carmelo (Adrián Suar). Iñaki enfatiza su voz afeminada que es acompañada de una actitud “degenerada”, transgresora, que sólo logra la aceptación en los jóvenes y aparece la idea del adulto horrorizado ante la presencia del homosexual. Esta postura también se ve reflejada en “Cohen Vs. Rossi” (1998, dirigida por Daniel Barone y protagonizada por Adrián Suar y Laura Novoa), donde el gay ocupa el lugar de la burla y la exclusión. El abuelo de “Carla” (Novoa) es travesti y su elección es un tema que avergüenza a la familia Rossi. Además su Hijo Giancarlo es candidato e intenta que nadie sepa que su padre es travesti porque tal noticia le impediría ganar las elecciones.
Este concepto de la homosexualidad que se instala como discurso predominante es también un lugar de poder. Una manifestación de poder que describe nuestro sistema cultural y nuestro imaginario. Entonces, la heterosexualidad es en nuestra cultura lo natural y la homosexualidad es lo no-natural ¿Por qué deja de ser natural que una persona decida sobre su cuerpo y deseo con quien quiere compartir su amor y es natural que existan en la Ciudad de Buenos Aires 4 mil chicos en situación de calle? Por qué el mismo sector social asentado frente al Congreso para pedir que no se apruebe la Ley de casamiento homosexual no cuestiona ni sale a las calles a pedir que el estado vele por quienes no tienen para comer. Creo que esto funciona así porque existe cierta lógica discursiva que permite la existencia de sectores marginales y sectores de poder. La lógica del dominante y el dominado, incuestionablemente naturalizada en nuestra conciencia colectiva.
Considero que éstas manifestaciones son posibles porque existe un discurso dominante que forma parte de nuestra naturalidad, aunque existan sectores que encarnen una lucha por proponer que el homosexual sea representado de otra forma en los distintos sectores sociales. Digo esto porque el discurso en sí mismo es poder y el lugar de una lucha por poder. Esa lucha forma parte de las producciones de circulación y consumo. Y esta idea constante que tenemos del homosexual es así porque existe un consenso, una forma de entender al homosexual desde múltiples lugares, y el cine argentino no es la excepción. Muchas películas representan la homosexualidad, la transexualidad, la intersexualidad, el lesbianismo y la bisexualidad desde este lugar, no dando espacio para entender al homosexual desde un lugar mucho mas profundo, desde su propia vida y no desde aquellos imaginarios construidos por la clase dominante y aceptados socialmente.
No obstante, en los últimos años puede verse cierto cambio en la forma en la cual el cine nos representa. Esta apertura emergió como contra discurso y comenzó a abordarse desde una mirada más profunda y problematizadora. Así, desde el 2005 se realiza en nuestro país el festival internacional de cine Gay, Lésbico, Trans, de Argentina (www.diversa.com.ar) que nos muestra la diversidad sexual no desde un lugar estereotipado del cual estamos acostumbrados a ver sino desde el lugar del amor. Gabriela Waisman es la directora general del festival y en una entrevista para éste bog nos describe la falta de representación que el homosexual encuentra en el cine argentino, aunque con el paso del tiempo algunos directores representantes o no del nuevo cine argentino – pero, en todo caso aquellos que son reconocidos públicamente - se han animado a construir personajes que se encuentran más relacionados con la vida del homosexual que con el discurso construido socialmente. En el caso de “XXY”, la homosexualidad se pone en discusión con la mirada de los otros. Se representa la discriminación como problemática del género y no como algo naturalizado y consensuado socialmente. Alex es una adolescente hermafrodita y sus padres deciden mudarse a un pueblo uruguayo para huir de la mirada de la sociedad. Pero la distancia no la libera de su estado de excusión y la discriminación comienza a aflorar. Sus compañeros de colegio se enteran de su ambigüedad sexual y la desnudan a la fuerza. El personaje interpretado por Inés Efrón, entra en crisis cuando decide mantener una relación con Álvaro que es el hijo del cirujano que pensaba operar a Alex. En la película se pone de manifiesto la cuestión del cuerpo y la marginalidad que sufre el personaje. En este caso, puede observarse cierto compromiso al abordar un tema tan complicado y tan pocas veces visto en el cine argentino.
Estas otras miradas pueden salir a la luz porque el contexto de producción discursiva ha cambiado. Porque si antes quedaba implícita la idea de la homosexualidad, hoy esa idea puede abordarse explícitamente. En “La Raulito” (1975, dirigida por el chileno Lautaro Murúa, y protagonizada por Marilina Ross), se describe la historia de una chica que se viste como hombre, que juega al futbol y lleva una vida masculinizada. Si bien, para la época la temática es descripta seriamente, en ningún momento se explicita la elección sexual de la protagonista.
En los últimos años, estas miradas nos han permitido pensar en la posibilidad de discutir la mirada hegemónica o, como diría Gramsci, en pensar en la posibilidad de un contradiscurso Y ¿Por qué encontramos un contra discurso que hace fuerza en el discurso hegemónico? La aparición de la Ley de matrimonio igualitario para personas del mismo sexo pretende instalar nuevos debates que nos permiten pensar en la diversidad de genero, ¿Se piensa hoy la homosexualidad como se la pensaba en 1975 en el contexto que se filmó “La Raulito”?, yo creo que no. Es cierto que existe un gran sector de la sociedad que manifiesta un rotundo rechazo hacia la comunidad homosexual. Es cierto que la ultima película de Alberto Olmedo “Atracción peculiar”, filmada en 1988 es la representación de esa mirada dominante hacia el homosexual/travesti, sexópata y atrevido cuyo único tema de conversación es mantener sexo con cualquier hombre que se cruce por su camino. El sexo no es una elección de “Amador” (Olmedo) sino una obsesión.
Estas representaciones no son mas que aquellas que se vieron reflejadas en la mirada estereotipada de las decenas de miles de personas que asistieron al Congreso el martes 13 de julio de 2010 para pedir que los diputados voten en contra del matrimonio homosexual. No obstante existe un lugar en el cual se fecunda la lucha por incluir este tema en el debate social. Existe un lugar en el cual permitimos y queremos que este debate entre en discusión. Un lugar en el cual el discurso hegemónico comienza a quebrarse.
Y cuáles son las condiciones sociales de producción de esos discursos o en todo caso ¿por qué es pertinente que algunos debates sociales puedan emerger hoy y antes no? Considero que existe cierto progresismo al entender la homosexualidad y en general cierto cambio en nuestros universos simbólicos que cuestionan el discurso dominante. Esta transformación es parte de un proceso, y como tal no es instantáneo, pero considero que el proceso existe porque nos permite pensar hoy en la posibilidad de una nueva Ley de servicios de comunicación audiovisual, que nos permitió pensar en la despenalización de la tenencia de marihuana para consumo personal, o en La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Debates que surgen en la sociedad para ser discutidos y analizados públicamente.
Entiendo que el cine ha logrado en muchos casos volcar estos debates que forman parte de nuestra lucha simbólica y también cuestionar, poner en relieve ciertos temas, hacer circular otros discursos y mirar desde otro lugar. El cine argentino hoy se ha animado a representar al homosexual desde un lugar que tiene que ver con su naturalidad y con su forma de vida; ha podido desprenderse de esa imagen estereotipada para pensar en posibles finales felices donde una pareja homosexual puede sostener un vínculo desde el amor. Es el caso de “Leonera” (2008, dirigida por Pablo Trapero y protagonizada por su pareja en la vida real: Martina Guzmán), donde la homosexualidad no es el tema central de la película sino una escena en la cual la protagonista, desde su soledad encuentra el amor en Sofía (Elli Medeiros). Otro ejemplo de un abordaje serio y comprometido, más relacionado con ese discurso contra hegemónico, se ve en la película “El Niño pez” (2009, dirigida por Lucía Puenzo). En el film Lala (Inés Efrón) y la Guayi (Emme) se deja de lado la idea de la marginalidad y la exclusión. Las protagonistas mantienen una relación que es vista con naturalidad por el entorno y no ocultan besarse en público. Inés Efrón también protagoniza XXY (2007, también dirigida por Lucía Puenzo), donde se pone en escena la pocas veces representada Intersexualidad o “ambigüedad genital”. Una adolescente con los dos sexos intenta vivir en este mundo plagado de temores y prejuicios. Alex (Efrón) representa la lucha por escapar de la mirada del otro y llevar adelante su propia elección de vida.
En el caso de “las viudas de los jueves” la homosexualidad se encuentra representada por una mujer que siente la soledad de su familia y busca refugio en una vecina. En este caso, se puede ver el lugar de la exclusión y la vergüenza por el sentimiento encarnado en dos personas que la clase alta en la sociedad argentina.
Existen además algunas películas que hoy que luchan desde la vanguardia y que nos permiten abrir sus espacios para construir entre todos un cambio hacia la diversidad, la aceptación y la libertad de elección de cada uno. Este es el caso de los festivales de género, aunque sería interesante que su difusión pudiera volcarse hacia espacios populares que permitan penetrar en lugares, proponer nuevos discursos desde nuestro rol político y discutir entre todos el dominio de las verdades fundadas.-
Por Natalia Faisca Ribeiro
Fragmento de "Leonera"
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