viernes, 16 de julio de 2010

En busca de la representación de la diversidad



En el marco del tema coyuntural relativo al matrimonio homosexual la propuesta es indagar en la construcción mediática del estereotipo gay y la posible transformación en este sentido gracias a la implementación de la Ley de Servicios Audiovisuales.
Foto de la película "Un año sin amor"

El espacio cinematográfico como productor de visiones alternativas, aborda con mayor profundidad las representaciones sobre la diversidad sexual o cuestiones de género, en una comparación hacia el nuevo cine argentino y las películas “marquetineras” de la década del `90.

¿De qué manera el cine nacional representa de modo diferente y hasta opuesto las problemáticas de diversidad sexual?
La búsqueda en el cine de las representaciones sobre genero y diversidad sexual, como objetivo sociocultural en cada una de las clases de cine (masivo-NCA, ciclos de cine under y Queer, cine nacional antes del quiebre del 2001)

LAS PELÍCULAS TOMADAS COMO EJEMPLOS (RECORTE POR FECHA, CIRCULACION Y COMO ESPACIOS DE CRÍTICA)
- La Raulito (1975)
- Adiós Roberto (1985)
- Los bañeros más locos del mundo (1987)
- Atracción peculiar (1988)
- Cohen vs. Rossi (1998)
- Plata quemada (2000)
- Apariencias (2000)
- Lesbianas en Buenos Aires (2004)
- XXY (2007)
- Leonera (2008)
- El niño pez (2009)
- Las viudas de los jueves (2009)
- Festival (2009)
- Festival (2010)

El tema fue escogido desde la contextualización mas actual que nunca, de las leyes del matrimonio entre personas del mismo sexo, por ser una ley que ampara el derecho civil y político de la diversidad sexual vivida en el país. Como anclaje en la problemática de esta supervivencia entre las personas que resisten esto en sus vidas, la diferencia entre representación está claramente dicha. El Cine nacional, además del tratamiento en los medios de comunicación y el abordaje cultural que existe desde hace años para tanto discriminar y excluir, como aceptar, respetar y luchar junto a estos personajes, aquí ampliamente reconocidos como iguales, analizados desde sus representaciones y no de sus formas de vida, ya que lo que importa es como se los muestra en el cine, que herramientas existen y que profundidad abordan a los temas discutidos, y aquí retomados para el cambio, tan importantes como son la falta de derechos, exclusión social y cultural, total marginación y no representación.

Para entender cómo llegamos a ésta coyuntura es fundamental historizar la lucha de género recapitulando su génesis y su evolución a lo largo devenir histórico. Las primeras experiencias que germinan en materia de género estaban demarcadas sólo a demandas de mujeres y de estratos posicionados en la Europa de finales del siglo XVIII. Estos incipientes movimientos revolucionarios feministas se organizaban en torno a la cuestión de la igualdad de derechos civiles y políticos, “las sufragistas” relegaban la igualdad en ámbito familiar, laboral y en la totalidad de las áreas que comprenden al espacio público. Se movilizaban por banderas sectoriales que no competían al conjunto de las mujeres piénsese las pobres, las trabajadoras, las madres oprimidas en el espacio doméstico, las prostitutas. Hasta después de la Primera Guerra Mundial, la lucha por el voto femenino prometía un futuro de equidad entre varones y mujeres. Sin embargo, el conflicto trastocó los cimientos de este preliminar feminismo y la causa del sufragio se mostró insuficiente para liberar a las mujeres de su situación de subordinación sistemática; la participación de las mujeres en las urnas no era la vía única para transformar su cotidianeidad. Si bien las feministas liberales burguesas apostaban únicamente a este canal de lucha, las feministas socialistas protagonizaban reclamos de carácter más amplio que denunciaba el doble sometimiento de la mujer: por el sistema patriarcal y el dualismo sexualizado primero y por el sistema capitalista después, cruzando la dimensión del género y la clasista. Incluso, en el período de entreguerra las mujeres asumieron como propias otras causas (se proclamaron antifascistas, por ejemplo) pero en calidad de feministas.

El nuevo feminismo nace hacia los años sesenta y setenta con la conquista de las mujeres hacia la liberación de las ataduras sexistas, y cuando toman conciencia de la sumisión transversal en todas las clases sociales,incluso al interior de los partidos de izquierda, sindicatos y cualquier movimiento radical dirigido por varones. De la mano de Simone de Beauvoir, autora del Segundo Sexo y a través de su frase de cabecera para los colectivos de mujeres: "Mujer no se nace, se hace" se pone en cuestionamiento a la mujer como otredad y al aporte de Virginia Woolf, autora de Tres Guineas en clave de “lo personal es político” que sirvió de consigna para las corrientes de ése entonces y de las venideras.

Paralelamente empieza a forjarse el movimiento gay , después del año 1969 en la ciudad de Nueva York y a raíz de la famosa represión policial en Stonewell, que luego se encastrará con el activismo de las mujeres feminista. La lucha circunscribía la causa por el matrimonio igualitario y el derecho a la adopción. Sin embargo, hacia mediados de los años ochenta, empujados por la crisis del Sida, microgrupos de activistas se alejan de la bandera de la inclusión al sistema como iguales promovida por el movimiento gay y resignifican su acción política resistiendo a la normalización. Muchas de estas consignas siguen en pie, tanto las moderadas exigencias del histórico movimiento gay, hoy encarnado en la Comunidad Homosexual Argentina como la reivindicación de los deseos disidentes y en contra de la normatización de los cuerpos, hoy encarnado en los movimientos de liberación LGTB.

Resulta pertinente realizar una revisión en los discursos hegemónicos desde donde se ha analizado la homosexualidad a lo largo de la historia y contra los cuales se erigen las luchas. Existen dos corrientes discursivas fuertemente emparentadas: la biologicista y la católica, ambas hacen hincapié en que la sexualidad está determinada por el sexo. A pesar de que éstas no siempre se encuentren en estado puro en nuestra actualidad, resulta fundamental para nuestro análisis mencionarlas.
Por un lado, la mirada con anclaje biologicista subraya que la opción diversa está por fuera del “orden natural” y por ende es patológica. Es en este sentido que se recomienda “curar” la enfermedad utilizando la ciencia (operaciones, suplementos hormonales, psicoanálisis, etc.) para forzar al sujeto a “orientar correctamente” su elección. Por el otro, la Iglesia discute desde una postura que alega que Dios creó al hombre y a la mujer, encarnados en las figuras míticas de Adán y Eva, para construir un núcleo de amor que tiene como objetivo primero la procreación. Así, necesariamente papá tiene que ser varón y mamá tiene que ser mujer. Al momento de discutir con los colectivos que luchan por defender la diversidad del deseo y el amor desde esta postura se suele recurrir no sólo a la fe, sino también a la creación de pánico ante otras luchas como la del aborto.

Así, tanto el catolicismo como el cristianismo y diversos sectores de la derecha nacional conservadora discuten por la no implementación del matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo. En este sentido, comienzan a aparecer frases colmadas de fobia y marginalidad como “no quiero que mi hijo tenga un compañero con padres homosexuales”, “si esto se aprueba el día de mañana van a ir por mas”, “se va a llenar de homosexuales” ó “si yo me quiero casar con un mono no puedo, entonces por qué ellos se pueden casar con los mismos derechos que nosotros?”.

Pero ¿Cómo puede ser que esto ocurra? ¿Por qué aún existen sectores sociales que entienden la homosexualidad como una enfermedad?. Aunque estos debates nos sirven para replantearnos nuestro modo de concebir las libertades, creemos que esto ocurre porque una parte de la sociedad no está preparada para pensar la diversidad de género. Son los sectores que piensan en una única posibilidad, que la relacionan con la naturaleza y lo “otro” a lo que consideran una desviación.

No obstante es la nueva Ley de matrimonio igualitario que, tras modificar el código civil permite que las parejas del mismo sexo puedan casarse, y es la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que nos permiten pensar en la posibilidad que nuevas voces y nuevos deseos tengan un lugar en el debate publico y puedan ser representados por los medios, entre los que incluimos al cine como lugar de lucha simbólica.

Nuestro proceso analítico y critico fue en base la pregunta de ¿Cómo se da en el cine las representación sobre los temas que retoman las problemáticas de género y diversidad sexual?

En base a esto podemos decir que al ver películas del viejo cine, las de los festivales para la diversidad sexual, y las del nuevo cine argentino, contraponiéndolas con las miradas de las taquilleras y masivas, como contrapartida en escalonado debate sobre los estereotipos, los ejes de profundidad en las películas y sobre todo las significaciones y representación que se muestran y dan lugar a estas cuestiones, en busca del cambio cultural, el espacio inclusivo del genero como parte de la realidad social y como se plasman en la visión social y política de sus imágenes.

Desde el lado del espacio como representación de su propia realidad, el cine abarca las formas para poder ser visibles ante una cultura estructural y de normas patriarcales que conllevan la estructura en la que vivimos. El cine como modos de significación y de hacer ver los problemas y la realidad que asustan a los medios masivos de comunicación que los dejan fuera de alcance en las agendas diarias o que se los incluye desde un lugar estereotipado. Hoy en día el debate público sobre las leyes igualitarias por el casamiento y adopción, hacen reprensar en los espacios donde ellos se movían como consecuencia de la marginación reconocida en la historia de sus luchas.

Desde los boliches, hasta los espacios artísticos, hoy en día son in visibilizados, están ausentes de la cultura social popular, y no dan tregua al lugar merecido para sus representaciones.

La discusión sobre los roles y la norma impuesta socialmente en el mundo entero importan como base para poder empezar a ver las verdaderas imágenes que nos muestra el cine en cuanto a estas cuestiones. Así como encontramos detalles oscuros de lo ridículo, también podemos ver la importancia del tratamiento por las imágenes de las verdad es que atañen los problemas de genero y diversidad sexual.´

Si sos gay lesbiana bisexual, intersexual, travesti, transexual podes sumarte a la a pensar en la idea de ver en el cine un lugar para las representaciones culturales. Un lugar de lucha verdadera por la igualdad en derechos y oportunidades, donde veamos tu realidad, que es la realidad en la que vivís, a veces sufrís y muchas luchas.

Por Pamela, Juliana, Florencia y Natalia