jueves, 15 de julio de 2010

El aporte del cine a la transformación social

La lucha por el respeto a la diversidad sexual ha ganado distintas batallas en el terreno de la disputa discursiva por el sentido y por la igualdad de derechos y garantías. Así, se ha ido modificando el modo en que ésta se representa en la pantalla grande. Sin embargo, estos avances conviven con discursos hegemónicos tradicionalistas impregnados de la mirada biologicista y la religiosa, que conciben a la sexualidad ligada irremediablemente a lo genital y a la procreación.
Frente a esta postura dominante la mayor parte de los espacios que se han gestado sectorizan los consumos y producciones homosexuales, lésbicas, transexuales e intersexuales haciendo muy difícil la sociabilización de la lucha. Estos espacios pueden encontrarse en boliches, revistas, páginas web, guías de turismo, suplementos periodísticos, entre otras.
Por otro lado, en cuanto al marco histórico, los complejos procesos y pugnas nacionales de los distintos sectores sociales han resultado en una coyuntura política que resulta favorable para la inclusión de las diversidades sexuales. Puede referirse a modo de hecho paradigmático que poco después de las cuatro de la madrugada del jueves 15 de mayo el matrimonio entre personas del mismo sexo se convirtió en ley. Siendo nuestro país es el primero en América Latina que sanciona una ley de esta índole.
Sin embargo, sería iluso pensar que las conquistas han sido logradas y que de ahora en más el camino se aliviane. Una de las dificultades más importantes, además de las respuestas categóricas de los sectores mencionados, es que la postura “progre” resulta hoy “políticamente correcta” en amplios sectores políticos que, lejos de profundizar en la problemática, se muestran a favor y terminan por convertir en funcional al gobierno una lucha histórica que está lejos de concretar sus reclamos.
Este enorme complejo que significan las representaciones sociales de la problemática planteada se hacen palpables en el cine nacional argentino. Es así que pueden encontrarse distintos modos de abordarla: films que recaen en estereotipos, otros que sobrevuelan la temática sólo nombrándola y aquellos que buscan ahondar problematizando la situación.
La pregunta es, ¿cómo producir un cine para la transformación social de la actual representación hegemónica de la diversidad sexual?


La diversidad sexual en la pantalla grande
A lo largo de toda la trayectoria cinematográfica nacional pueden rastrearse infinidad de films que abordan la temática homosexual, lésbica, transexual e intersex. En miras al análisis crítico se mencionarán sólo aquellas concebidas como paradigmáticas en la representación y sentido que se comunica.
Al momento de analizar las producciones cinematográficas que retoman la elección gay desde una mirada estigmatizante que reduce a la homosexualidad a la falta de masculinidad, que utiliza la cuestión lésbica para la pornografía y retoma la transexualidad para la burla, podemos mencionar el personaje de Favio Posca en “Apariencias” (producida por Pol-ka en año 2000, trailer promocional). El actor personifica el estereotipo promiscuo y grotescamente femenino del gay. “Tengo vértigo en la cola” fue la frase que más repercusión tuvo en los medios masivos de comunicación y fue citada en infinidad de situaciones al momento de referirse despectivamente a la elección homosexual.
Este film explicita la intención de captar un público determinado, que respeta los tradicionales discursos de la Iglesia y de la corriente biologicista, y que consume films comerciales que no buscan realizar ningún tipo de crítica o profundización de un debate tan vasto como las distintas identidades de cada uno de nosotros. Se toma la figura del gay como objeto de burla y se intenta no innovar con el mensaje para no generar choque con las ideas hegemónicas sociales. Así, con el fin de maximizar ganancia se reproduce el status quo y se cae en una representación sumamente violenta y discriminatoria de la diversidad.
Inevitablemente, este tipo de productos culturales contribuyen a profundizar la mirada homofóbica y lesbofóbica de la gran mayoría de nuestra sociedad.
En una postura cercana a la recién descripta pueden citarse otros films que, a pesar de no caer en la construcción estereotipada y estigmatizante de la sexualidad diversa se quedan en la simple mención de la temática y, al no ponerla en crisis, resultan funcionales a la mirada hegemónica.
Este es el caso por ejemplo de “Plata Quemada” (Marcelo Piñeyro, 2000, trailer), en la que una pareja homosexual, El Nene y Ángel (Leonardo Sbaraglia y Eduardo Noriega), lleva a cabo un asalto por el cual debe escaparse al Uruguay. En esta película la cuestión de la homosexualidad es parte constitutiva del relato pero no es abordado de modo profundo problematizando la temática.
Resulta significativo que el espacio donde se conoce la pareja y a donde acude El Nene ante una pelea sea el baño público de una estación, la Estación Constitución, y de una feria de pueblo. Es interesante destacar aquí la cuestión de la marginalidad. La pareja vive su intimidad en los márgenes de la sociedad y las relaciones sexuales las practican allí, con toda la cuota de violencia que el espacio sugiere. Violencia que es explicitada en la segunda situación mencionada en la que El Nene apunta con un arma a un joven mientras lo increpa con motes agresivos alusivos a su condición sexual y luego le practica sexo oral. Es un film que explicita la violencia y la marginalidad que impera en la mayoría de los espacios, pero no la profundiza desde un análisis que centre el eje en poner en crisis tal situación.
Estos tipos de películas, que sobrevuelan la problemática, resultan funcionales al sistema en el sentido de que la diversidad sigue siendo ocultada en reductos acotados para que “no molesten” al resto de los no se corren de la norma.

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De este modo puede decirse que, salvo algunas excepciones, hasta principios del siglo XXI el cine argentino representaba la diversidad sexual de un modo funcional a los discursos hegemónicos que concebían como no-naturales o no-normales estas elecciones.
Resulta imperante antes de continuar con el análisis mencionar brevemente una de las películas que forma parte de la excepción a la regla: “Adiós Roberto” (Enrique Dawi, 1985, fragmento) que representa de un modo infinitamente más profundo el abordaje de la temática. Relata la historia de Roberto (Carlín Clavo) que ante la separación de su mujer se ve obligado a irse de su casa y a convivir con un hombre con el que empieza a construir una relación que pone en jaque su sexualidad. La situación genera un conflicto que se desarrolla principalmente al interior del protagonista que teme ante la condena social. Se destaca la mirada de la sexualidad como parte integrante de la identidad de Roberto que sigue moldeando su subjetividad a pesar del camino recorrido.
Esta película resulta sumamente interesante porque, a la vez de que es una de las pioneras en abordar con profundidad la cuestión de la sexualidad como construcción continua e inacabada de la identidad sujeto, es protagonizada por figuras reconocidas entre los actores de la época como Carlos Calvo, Víctor Laplace y Ana María Picchio. De este modo, logra llegar con su mensaje a la mayoría de la sociedad, quien es también la que condena la diversidad sexual.
Con este tipo de film como “huella”, surge el Nuevo Cine Argentino que, tanto desde las historias que propone como de los formatos mediantes los cuales las pone en escena, rompe con ciertos estereotipos de la época. Al momento de desarrollarlo resulta interesante la mirada de uno de los cineastas protagonistas, Pablo Trapero, que durante una entrevista no lo caracteriza con el acuerdo de un grupo de jóvenes que decidieron modificar los métodos de filmación y las temáticas abordadas, ya que remarca que nunca existió un manifiesto mediante el cual este movimiento expresara su mirada ideológica y fundamentara sus productos culturales. Trapero explica que se trata más de una coincidencia cronológica de jóvenes que iban “a trasmano de los métodos de producción”. Por lo tanto, el Nuevo Cine Argentino se caracteriza más por su diversidad y por la exploración que supone, que por representar una postura consensuada frente al cine tradicional.
Sin embargo, pueden encontrarse marcas comunes que hablan de un pasado, un presente y un anhelo de futuro que imprimen su impronta en estas producciones. En este sentido, Luis Vallina en su texto “La presencia de la realidad en el cine argentino” marca ciertas constantes entre los cineastas(Vallina, Luis, La presencia de la realidad en el cine argentino. en Revista Tram(p)as de la comunicación y la cultura, "Jóvenes, el futuro llegó hace rato", año 1, Nº2, junio de 2002, La Plata.).
Por un lado, que vivieron en su infancia el “horror presentido” de la dictadura, que marcó a fuego su generación; luego la “desaparición” de lo jóvenes de la escena política durante los ’80; y por último la corrupción, la pauperización de las mayorías, la flexibilización laboral y el descreimiento en las instituciones como saldo del mandato de Carlos Saúl Menem. Por otro lado, estos jóvenes son profesionales del cine que estudiaron en universidades e institutos y que, en este sentido, lo comprenden como una creación integrada al mundo del arte.
Esta propuesta del NCA retoma el reclamo de identidad de distintos y hasta contrapuestos sectores de la sociedad, para construir desde el cine la identidad compartida, y a su vez reinventa los formatos utilizando propuestas de bajo presupuesto, cámara en mano, entre otras técnicas que buscan acercar al espectador a la historia.

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En este contexto pueden citarse una película emblemática: XXY(escrita y dirigida por Lucía Puenzo, 2007, trailer). El film aborda una temática sumamente controvertida: la intersexualidad. Y en él confluyen no sólo la violencia social frente a la diversidad, el ocultamiento de la familia que decide irse a vivir a la costa uruguaya, la mirada biologicista del cirujano que piensa que realizando una operación castrativa Alex (Inés Efrón) va a ser una “chica normal”, sino que también se aborda con profundidad y sensibilidad la cuestión de la decisión sobre el propio cuerpo y la sexualidad de parte de la joven.
Resulta sumamente ilustrativo que al momento en que sus padres la interrogan sobre qué es lo que quiere ser, la respuesta de la adolecente es, simple y complejamente a la vez, que quiere ser Alex. Esto resulta un llamado de atención profundo hacia las conceptos estancos relativos a la sexualidad, y hace explicito hincapié en que la sexualidad no se trata de categorías en la que uno se amolda, sino de construcción tan personal como social, que tiene que ver con el amor pero también con el deseo.
Al igual que en “Adiós Roberto” la profundidad del análisis se refuerza con un repertorio de actores conocidos a nivel nacional como por ejemplo Ricardo Darín, Valeria Bertuccelli y Carolina Pereletti, que de algún modo permiten que el mensaje que se quiere transmitir salga de los circuitos de ciclo de cine gay para tener una llegada masiva.
Otra película que se encuadra dentro del NCA y que también tuvo importante número de espectadores es “La Niña Santa”(Lucrecia Martel, 2004, trailer) que resulta relevante al análisis en el sentido de que no centra su desarrollo en la cuestión homosexual, sino que redobla la apuesta y relata la historia de una joven (María Alché) que tiene sus primeros acercamientos al sexo de un modo no convencional. Este proceso de construcción y descubrimiento tiene como protagonistas a un hombre mucho mayor que ella (Carlos Belloso), que además de ser un hombre casado coquetea con la propia madre de la joven (Mercedes Morán), y a su vez a una amiga con la cual hay distintos acercamientos y desde la inocencia la relación juega con el lesbianismo. Ambos acercamientos se llevan a cabo de modo desprejuiciado en el recorrido que esta adolecente hace al descubrir su deseo y la propia sexualidad. A su vez, resulta muy presente el peso de la religión, que genera confusión y cierto aturdimiento en las adolescentes.
Lo interesante de esta película es cómo la relación lésbica se muestra de modo natural como formadora de este acercamiento al sexo y como constructora de la sexualidad de la muchacha. De esta forma se corre de las etiquetas convencionales para contar la historia particular de una joven cualquiera.



Otros recorridos, otras miradas
Coexistiendo con las películas mencionadas que de algún modo lograron un espacio y reconocimiento medianamente masivo de parte de los espectadores, existe un espacio reducido por donde circulan films independientes que abordan la temática con otra profundidad. “El niño pez” es un film que comparte ambos espacios. Es el segundo y último largometraje dirigido por Lucía Puenzo (2009, trailer), que no tuvo la repercusión de los films mencionados sino que circuló con mucho peso en festivales y ciclos como por ejemplo el “Espacio INCAA km 60” del Cine Municipal Select.
En esta película la historia relatada está cruzada por la violencia ya que tiene como personaje central a una joven paraguaya, La Guayi (Emme), que viaja a la Argentina escapando de una relación que puede inferirse incestuosa con su padre (Arnaldo André) y se emplea como servicio doméstico de una familia porteña. En este nuevo ámbito se genera una situación de acoso y abusos sexuales perpetrados por el dueño de casa y una relación de amor con su hija, Lala (Inés Efron). A lo largo del film se relata el asesinato del hombre, el encierro de La Guayi en un instituto cerrado de menores, el abuso sexual de parte de las autoridades y la fuga.
Resulta emblemático el relato de violencia y abuso que atraviesa todo el film y que llega a su expresión más paradigmática durante el encierro, donde la joven es obligada a prostituirse por las autoridades de la institución. Al mismo tiempo, se relata la lucha de Lala que intenta una búsqueda en la que recorre Paraguay, donde conoce la situación de la que se había escapado La Guayi, y termina por lograr liberarla del abuso al que se encontraba sometida.
El pormenorizado relato anterior sólo resulta pertinente en el sentido que pone en relevancia la violencia y marginalidad de una adolecente pobre que se refleja en el film, donde el abuso sexual aparece en el seno familiar, en el ambiente laboral y también de parte de las autoridades de la Ley y el Orden. La única relación de amor puro que experimenta La Guayi es la que construye con Lala.
Este film tuvo gran difusión en los circuitos mencionados, entre los que se destaca el “Festival Internacional de Cine Gay Lésbico Trans de Argentina por el Respeto a la Diversidad”(www.diversa.com.ar), en el cual confluyen largos y cortometrajes de distintos países del mundo con la intencionalidad concreta de construir una sociedad respetuosa con la diversidad sexual.
Durante la entrevista (VER “Entrevista a Gabriela Waisman…”), Gabriela Waisman, directora general y fundadora del festival, explicita sus objetivos al decir que “DIVERSA promueve la convivencia pacífica en la diversidad, disminuyendo distancias mediante el aprendizaje, brindando un canal de comunicación directo; y colaborando en el desarrollo de la cinematografía en todas sus áreas y territorios.”
Este festival resulta paradigmático ya que al fundarse, en el año 2004, fue el primero en América Latina que se ocupó de nuclear los productos cinematográficos que a nivel internacional circulaban y difícilmente llegaban a la Argentina y que estaba por fuera de las actividades puramente de activismo político y confrontación. En este sentido se hace especial hincapié en la importancia de mostrar películas que sean de calidad.
“A lo largo de estos años buscamos dar a conocer a la sociedad entera la existencia de una filmografía de calidad, con temática gay y no asociada a la pornografía. Se buscó acercar a la sociedad al entendimiento de temáticas sociales asociadas, a través de documentales, films, cortos, etc, poniendo el foco en la calidad del trabajo y en su capacidad de trasmitir un mensaje a la sociedad. (…) El material presentado es inédito, y se selecciona procurando alta calidad cinematográfica, contenidos didácticos, e impacto emocional”, profundizó Waisman.
En este sentido cave repensar el impacto real del cine que circula en estos festivales en el sentido en que suele quedar reducido a cotos cerrado a los que accede sólo la minoría más cercana a la problemática.
En este punto resulta algo contradictorio el aporte de Waisman en el sentido de que, por una parte, ella reconoce que es una minoría la que accede a los festivales, que es justamente la minoría que ya piensa de modo respetuosos de la diversidad: “se hace más necesario pasar films en nuevos ámbitos, donde un montón de gente no sabe cómo pensar o analizar todo lo que está sucediendo. Y esa gente no va a venir al festival, a esa gente hay que llevarle materiales. Hablamos de gente que por ahí no se interesa en el cine ni en actividades culturales específicamente”.
Y, a la vez, también explica lo dificultoso que resulta poder ver las películas por fuera del festival, ya que una vez que este finaliza es casi imposible conseguirlas en otros espacios como los de venta y alquiler, o la web.



Cine crítico para la transformación
Frente a este abanico diverso de representaciones sobre la homosexualidad, el lesbianismo, la transexualidad y la intersexualidad en el cine nacional resulta pertinente citar el trabajo de Susana Cella (Cella, Susana, La irrupción de la crítica. Emecé, Buenos Aires, 1999)sobre la irrupción de la crítica en la Argentina señalada en la historia en un período encuadrado por dos hitos: el derrocamiento y exilio de Perón en 1955 y el comienzo de la última dictadura en 1976. Esta idea de “irrupción” hace referencia a las producciones culturales que significaron la introducción generalizada y heterogénea de miradas críticas sobre el contexto social que se desataron en abundancia en el período mencionado.
Fue entonces que gran parte de los artistas comenzaron a poner en crisis el papel del artista, crisis que puede rastrearse aún hasta hoy y que impregna como eje estructurador la totalidad del presente análisis del cine nacional. ¿Con qué objetivo filmar? ¿Cuál es el rol del cineasta en la sociedad? ¿Reproducir o transformar?
En este sentido Cella expone, haciendo alusión a la literatura pero que resulta extensible al resto de las producciones culturales, que en el momento histórico citado el arte “se redefine en tanto se le cuestiona en su carácter de bellas letras, patrimonio de espíritus sensibles (…), sin embargo, también se objeta la idea de la pura comunicación de postulados sociales y políticos; se trata entonces de revisar la relación arte y política y de ligar (el arte) a la historia de un modo nuevo”.
Es interesante observar las dos dimensiones mencionadas. Por un lado la crítica a las producciones que apuntan a un análisis profundo pero que se cierran a una minoría social, ya que si se busca la transformación de las concepciones sociales, el texto y el leguaje que se emplea debe tender a apelar al espectador de tal manera de que se sienta interpelado y forme parte de la problemática.
Por otro lado, si se pone en la pantalla grande la simple repetición de postulados y reivindicaciones discursivas de los grupos mencionados, el objetivo va a resultar trunco ya que no va a lograr un impacto verdadero en el espectador al que le resulte ajena la lucha.
Aquí toma fuerza el análisis de Ricardo Piglia(Piglia , Ricardo. Crítica y ficción, La lectura de la ficción. Entrevista de Mónica López Ocón, Tiempo Argentino, 24 de abril de 1984) quien descarta la idea de la escritura como catarsis y, por el contrario, la caracteriza como una forma posfreudiana de la autobiografía. Al producir culturalmente, el crítico lo hace desde un lugar específico y cuela en sus relatos el modo de reconstruir su historia y su lugar en el mundo, pero intentando siempre interpelar, contar un relato que movilice al otro hacia el cambio.
Una vez más se pone en discusión la postura que relaciona la masividad con lo no-culto. Jesús Martín Barbero, en su texto “Industria cultural: capitalismo y legitimación” (Martín Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Gustavo Gilli, Barcelona, 1987) retoma la obra de Walter Benjamin para reflexionar, marcando una distancia con la mayoría de los intelectuales de la Escuela de Frankfurt, sobre “lo popular en la cultura no como su negación, sino como experiencia y producción” . La postura que se le critica al colectivo mencionado se remonta a la identificación entre totalitarismo político y masificación cultural, ligada coyunturalmente con el fenómeno social del nazismo y la sociedad de consumo norteamericana. Salvando las distancias históricas, resulta pertinente al análisis en el sentido de que la mayor parte de la producción crítica cinematográfica circula por salas de cine y centros culturales a los que no tiene acceso el ciudadano medio. Se percibe en estas prácticas la idea de que el arte se “desublima” al hacerse masivo.
A mediados del siglo pasado Benjamin proponía reflexionar sobre las transformaciones en los modos de percepción colectiva, lo cual resulta sumamente interesante para poner en crisis a los colectivos que eligen mantenerse invisibles a las masas y apostar al estudio de las referencias y usos que desatan sus productos culturales en los espacios no típicos.
Los aportes de los cuatro autores mencionados implican herramientas sumamente valiosas a la hora de pensar las producciones cinematográficas nacionales y su participación en la transformación social de las representaciones en torno a la diversidad sexual. Es desde este lugar teórico e ideológico que se critica la escasa circulación de materiales interesantísimos para desatar un debate más profundo e inclusivo de las diferencias.
La actual coyuntura política nacional, en directa alusión a la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, parece presentar un momento histórico propicio para la emergencia de este tipo de propuestas de las culturas juveniles. Sin caer en la ilusión de que después de la ley se democratizaran mágicamente todos los espacios mediáticos, resulta indiscutible que los grandes monstruos monopólicos de la comunicación fueron puestos en crisis por la sociedad y que los jóvenes serán los protagonistas de todas las transformaciones y reproducciones que se lleven a cabo de ahora en adelante en el sistema.
Asimismo, frente al crecimiento de una mirada respetuosa de la diversidad plasmada en la Ley de Matrimonio Homosexual, resulta sumamente importante que los colectivos que luchan por las reivindicaciones desarrolladas pisen con mayor ímpetu el campo de lucha donde se llevan a cabo las disputas discursivas: los medios de comunicación.
La construcción creativa resulta el modo en que hoy los jóvenes intentan construir estrategias para el cambio social y, en la medida en que la crítica al actual status quo sea una producción continua y colectiva, se trabajará en pos de una sociedad más justa frente a las minorías de cualquier índole.



Por Juliana Arens

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